La telaraña

By 19 marzo, 2013Blog

A veces pienso en la dificultad de ser autónomo con un target tan complicado como grandes organizaciones.

A veces pienso en la dificultad de ser autónomo y dedicarte profesionalmente a un mundo tan complicado como la formación. Complicado porque está demostrado que todos se llena la boca de la importancia de la formación y pocas empresas tienen presupuesto para afrontar nuevos proyectos que hagan que el conocimiento de sus trabajadores aumente positivamente. Es difícil no tener los recursos económicos para poder coger un AVE o un avión e ir a Madrid, Bilbao, Sevilla o cualquier otro lugar y poder hacer una acción comercial correcta, enseñando tus productos y, lo que es más importante, conociendo a tu interlocutor y poder hablar de los pros y contras de tu actividad profesional cara a cara. Y esto es muy importante, porque en mi sector, por contrato, no puedo colgar en la web absolutamente nada. Es normal, mis productos son el Know-how de cada uno de mis clientes.

Y ante esto, ¿qué se puede hacer? ¿Por qué mi trabajo no puede ser igual o más bueno que la de cualquier otra empresa de mi sector que tenga 20 o 30 o 40 trabajadores? ¿Por qué a mí no me dan acceso? ¿No hay espacio para todos?

Una de las soluciones es la telaraña. Y no sólo la telaraña virtual, de la que soy un usuario constante y dinámico, y desde donde he conseguido algún cliente que me ha aportado muchas alegrías (y no hablo a nivel económico, hablo a nivel profesional).

Cuando hablo de telaraña pienso en otros profesionales autónomos. Otros profesionales autónomos, buenos, muy buenos, a quienes les puedes aportar soluciones eficientes, eficaces y con un precio justo. Otros profesionales autónomos que pueden aportar soluciones a algunos de tus proyectos. Otros profesionales autónomos que, por el motivo que sea, tienen acceso a contactos que tú, a pesar del esfuerzo, no podrás llegar a tener nunca. Otros profesionales autónomos que se encuentran con las mismos problemas que tú.

El conocimiento de cada uno de nosotros puede llegar a ser muy óptimo y aprovechable para muchas organizaciones. Nos esforzamos para aprender cada día, cada uno de nosotros en nuestro ámbito. Nos esforzamos para ser competitivos, y lo somos. Nos esforzamos para darnos a conocer ante lo que llaman “nuestra competencia”, que no lo es, porque nosotros no podemos competir con las grandes empresas de nuestro sector. Es más, seguramente intentamos trabajar para ellos. Nosotros lo que queremos es que nos reciban, que nos escuchen, poder escuchar, entender y saber si lo que podemos ofrecer puede encajar o no… No queremos nada más. Cada uno de nosotros somos pequeñas arañas que vamos tejiendo, poco a poco, a lo largo de los años, nuestra telaraña y, a menudo, la compartimos sin saberlo.

Me hace gracia cómo, a veces, me piden productos para un cliente final, que conoce mi trabajo y la rechaza por el motivo que sea (es absolutamente lícito e incluso normal). Sé que la economía debe funcionar así, pero yo que no soy economista ni tengo formación empresarial me pregunto: Si yo te cobro 1 y me dices que no, y le encargas a otro que no lo sabe hacer, que me lo pide a mí, que te cobrará mi 1 más su 2, y a él le dices que sí… ¿no estás perdiendo dinero? Si reflexiono, supongo que esto debe tener que ver con la confianza, ¿no? A mí, sinceramente, me da igual. Yo quiero trabajar, y haré el trabajo con la misma profesionalidad, pero no lo entiendo.

No me quejo, sólo reflexiono sobre cómo poder acceder a ciertas organizaciones. Reflexiono sobre la dificultad de ser autónomo, o freelance, que mola más, o un intento de emprendedor que lo que hace es trabajar y buscar soluciones y oportunidades.

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